Derecho para creativos (I)

En una semana debía alzar el telón la V edición del Festival Periscopia en Pozoblanco. Al cual estaba invitada a dar una charla-taller sobre derecho para creativos.

Lo cierto es que esa edición nunca se celebrará por discrepancias entre administración y organización.  Tema que da para otra entrada entera, pero que ya se ha ocupado de hacer Murray Magazine, y lo comparto íntegramente.

Podré dar otras charlas, pero jamás esa. Especial por ser en mi pueblo y rodeada de muchas caras conocidas. Sigue leyendo

Puesto que considero que las materias a tratar eran excepcionalmente interesantes y prácticas para creativos y gente que está en la industria artística, en las próximas entradas, iré facilitando en pequeñas dosis el contenido que durante unas 3 horas iba a tratar con los artistas del festival y curiosos en general. Algunos temas ya los hemos abordado (derechos de autor, licencias, registro, casos de plagio…), así que me los salto.

Voy a empezar con una introducción en materia de contratos entre los distintos creativos, especialmente enfocado para artistas plásticos, por ser el público mayoritario que asistiría a aquella charla. Pero la mayoría de conceptos tienen aplicación a casi todas las disciplinas. Aún así, si algún lector está interesado en alguna duda particular puede plantearla, tanto en comentarios públicos como en el formulario de contacto de la web.

What not to say to a graphic designer. By Zerouno

CONTRATOS EN DERECHO ESPAÑOL

Para hablar de los contratos en el derecho español en general deberíamos dar un repaso al Código Civil y una introducción en Derecho Romano, como creo que sería excesivo y tedioso hasta decir basta. A los efectos exclusivos del contenido que aquí vamos a ver, vamos a dar una leve pincelada.

En derecho español, a la hora de establecer un contrato está bien que sepamos las fuentes del derecho, que regularán ese pacto: ley, costumbre y principios generales del derecho. Por ese orden.

Por otro lado, no está de más que nos podemos comprometer en la forma que queramos, ya sea verbal o por escrito, salvo que el contrato en cuestión venga regulado en una ley y determine sus características mínimas y su forma.

Los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral, ni al orden público.

Además todo contrato tiene una serie de elementos esenciales que deben estar presentes para que despliegue sus efectos y no sea nulo:

–       Consentimiento: voluntad de las partes para querer celebrar el contrato. Para que ese consentimiento se válido ha de prestarse con capacidad suficiente para contratar, y hacerlo de forma libre y consciente.

–       Objeto del contrato: en este caso sería la obra a realizar. En cualquier caso debe ser el objeto: posible, lícito y determinado o determinable sin precisar de nuevo acuerdo entre las partes.

–       Causa del contrato: finalidad económica y social. Debe existir ser lícita y verdadera. Esto es, que no sea un contrato simulado para perseguir un fin distinto al que dicen las partes en el clausulado del mismo.

–       Forma: si es un contrato formal. Es decir, un contrato que para que sea válido la ley establece unos requisitos formales explícitos y determinados.

Y hasta aquí la clase aceleradísima en derecho civil, en materia de contratos. Evidentemente es una materia mucho más compleja y que daría para un solo blog, pero como breve introducción nos vale.

 

¿QUÉ CONTRATOS SON LOS MÁS HABITUALES EN LA LABOR DE UN ARTISTA?

Digamos que depende. Por ejemplo, si nos acogemos a su situación profesional: si trabaja para una empresa, por cuenta ajena, se entiende que las obras son de la empresa, si sólo media un contrato de trabajo al uso. Si por el contrario existiera algún acuerdo distinto al respecto, podría establecerse según la voluntad de las partes un régimen distinto de explotación de la obra, que por lo normal son en exclusiva por la empresa por tiempo ilimitado. Será la empresa la que deba firmar los contratos correspondientes con los posibles clientes (imprenta o estudio de diseño), si es que las obras no son para la propia empresa (departamento de marketing).

Pero si el creador es independiente y su cliente es un particular o una empresa, lo más  habitual es que se dé una de estas figuras: Contrato de encargo y Contrato de edición.

 

CONTRATO DE ENCARGO

No es un contrato regulado en ninguna ley específica. Es decir, entra dentro de esa libertad de pactos que hemos indicado.

Se suele denominar así al contrato que se entabla entre cliente y autor, y en el que se deben pactar los mínimos del encargo a realizar. Especialmente cuando se refiere a trabajos relativos a publicidad.

Casi cualquier profesional que no se dedique al comercio propiamente dicho debe firmar este tipo de contratos, también conocidos como hoja de encargo, y que delimita de antemano las condiciones del servicio que se prestará.

En él podemos determinar desde los derechos y obligaciones de las partes, como los plazos, pruebas que se harán, régimen en que se cede la obra, precios… Todo lo que creamos conveniente y que nos ahorrará disgustos en el futuro.

Aún hoy es difícil hacer firmar al cliente algo así, normalmente  lo único que se firma es la factura. Pero esto es un compromiso previo entre partes y que evitará discrepancias sobre lo pactado previamente, y es más que recomendable que dejar las cosas a la buena fe y confianza entre las partes.

Yo, como abogada, lo firmo con mis clientes.

Al final del artículo dejaré varios enlaces donde encontrar modelos de los distintos contratos, con especificaciones según el encargo que vayamos a realizar.

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CONTRATO DE EDICIÓN

Por el contrato de edición el autor o sus derechohabientes ceden al editor, mediante compensación económica, el derecho de reproducir su obra y el de distribuirla. El editor se obliga a realizar estas operaciones por su cuenta y riesgo en las condiciones pactadas y con sujeción a lo dispuesto en esta Ley (ART. 58 LPI)

En este caso sí hablamos de un contrato regulado por la ley, en concreto lo encontramos en la Ley de Propiedad Intelectual (art. 58 y ss)

 

El contrato de edición deberá formalizarse por escrito y expresar en todo caso:

1.º Si la cesión del autor al editor tiene carácter de exclusiva.

2.º Su ámbito territorial.

3.º El número máximo y mínimo de ejemplares que alcanzará la edición o cada una de las que se convengan.

4.º La forma de distribución de los ejemplares y los que se reserven al autor, a la crítica y a la promoción de la obra.

5.º La remuneración del autor. Normalmente un tanto por ciento que se estipula sobre los beneficios de venta, y se dividirá según los autores que aparezcan (ilustradores, escritores…). No se puede establecer un tanto alzado salvo que sea excepcionalmente difícil estimar las ganancias.

6.º El plazo para la puesta en circulación de los ejemplares de la única o primera edición, que no podrá exceder de dos años contados desde que el autor entregue al editor la obra en condiciones adecuadas para realizar la reproducción de la misma.

7.º El plazo en que el autor deberá entregar el original de su obra al editor.

 

También los derechos y obligaciones de uno y otro que podemos resumir en:

–      Editor: respeto a los derechos del autor, remuneración, envío de pruebas..

–      Autor: Cumplir con los plazos y lo pactado, así como responder de la originalidad de la obra y sus consecuencias.

 

Normalmente este contrato viene ya redactado por la editorial que impone sus cláusulas al autor.  Para ello, Mariana Eguaras, consultora editorial, escribió este artículo, que acabó convirtiéndose en un minilibro, que por algo más de un euro podemos tener, y merece la pena, si vamos a firmar este tipo de contratos con cierta frecuencia, y el que describe los aspectos que denotan que un contrato de edición es abusivo: Cómo detectar un contrato de edición abusivo.

En esa pequeña guía puedes encontrar dónde tienes que poner especial atención a la hora de firmar un contrato de estas características, y evitar fórmulas que acaben escondiendo algún premio.

En cualquier caso, han de evitarse las fórmulas vagas del tipo “se ceden todos los derechos”, o “para todo el planeta” o en “todas las lenguas”… ya que esa imprecisión suele ocultar un as para el editor.

También debemos tener cuidado cuando se va a editar la obra en formato digital, ya que no debe incluirse como un soporte más, a la altura del libro, puesto que su coste de creación y distribución es infinitamente menor, y por tanto  su ganancia neta es mayor. Deberá negociarse un porcentaje nuevo a estos efectos.

Cuando se va a firmar un contrato con una editorial extranjera, debemos acogernos a las leyes del país de origen, pero en cualquier caso, en el contenido no suele haber grandes diferencias, aunque es recomendable, que cuentes con la ayuda y asesoramiento de un profesional legal del setor.

No todo el monte es edición

El contrato de edición no es aplicable a supuesto por ejemplo de publicaciones periódicas. Para esos casos tenemos que pactar con el medio el tiempo de duración de uso exclusivo, remuneración… Un contrato de encargo en definitiva.

 

RESOLUCIÓN Y NULIDAD DE LOS CONTRATOS

Tenemos que prestar especial atención a las causas que el contrato establezca para su resolución, ya que pueden dar la virtud a la otra parte a resolver el contrato unilateralmente.

Si llegado el caso esa causa de resolución del contrato tenemos que llevarla nosotros a cabo por incumplimiento de la otra parte, debemos avisar al cliente o editor, de manera fehaciente, esto es de manera que deje constancia.

Para la nulidad, que sólo procede si alguno de los elementos esenciales del contrato adolece de vicio de nulidad, entonces debemos acudir a los tribunales, ya que debe ser un juzgado quien declare la misma.

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PÁGINAS DE REFERENCIA

Sobre contratos, y posibles pactos a incluir en ellos, podríamos estar toda la tarde hablando, pero dado que las dudas suelen surgir en el momento de la firma de los mismos, o más bien a posteriori cuando surge el conflicto, os dejo una serie de herramientas que podrán ayudaros en vuestra labor.

–      El nuevo libro blanco de la ilustración. IMPRESCINDIBLE. Todo ilustrador, y no sólo ilustrador, me atrevería a decir que es válido para casi cualquier autor, debe tener este libro cerca cada vez que establece alguna relación profesional. No sólo aborda temas legales, sino también de buenas prácticas. En él podéis encontrar los modelos de contratos más habituales. Un gran acierto. Y GRATIS.

–      Ilustrando Dudas: probablemente la mejor página para ilustradores, informan de todos los aspectos relacionados con la profesión, muy activos en redes sociales.

–      Graffica: Otra gran página, al hilo de la anterior, que además facilita materiales de libre descarga, y artículos con consejos con relevancia jurídica.

–      Domestika

–      Insultarte

–     El Observatorio de la Ilustración

–     The Creative Riot

–      Las letras del derecho

–      Escritores

–      Rosario Rossi  :)

Si conocéis otras que también puedes aportar conocimientos y herramientas útiles para las profesiones creativas, os invito a dejarlo en comentarios.

 

* Aviso para hater: éste no es un manual técnico para juristas, se trata de una muestra para aclarar conceptos y una leve introducción para juristas y gente normal.