Una de abogados y coworking

 

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Logotipo de La Nao Espacio de Trabajo

 

El origen

Hace ya casi año y medio que esta web empezó a andar, y mucho han cambiado las cosas desde entonces. Lo que empezó siendo un proyecto divulgativo ahora mismo es mi principal medio de vida.

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Aquellos primero pasos fueron desde una pequeña habitación en casa de mi madre, un escritorio entre la cama y el armario. Me bastaba, y volvería a hacerlo mil veces. Pero esas circunstancias también aportan sus limitaciones al proyecto profesional y personal, por eso había que dar el paso hacia un nuevo lugar y forma de trabajo.

 

Independencia y trabajo en grupo

Lo normal habría sido buscar un despacho con muebles bonitos desde el  que trabajar sola. Esa opción me producía rechazo de entrada. No quiero impresionar al cliente, quiero que confíe en mis servicios. El concepto de abogado ha evolucionado, por más que algunos se empeñen en anquilosarlo en el concepto tradicional e individualista.

El individualismo la mayoría de las veces se confunde con la independencia profesional.

Por eso sabía que debía tomar un rumbo diferente. Empecé a indagar y di con los espacios de coworking, y cuando salía por trabajo fuera de mi ciudad eran un recurso que me permitía trabajar y tener reuniones en un lugar profesional y discreto.

Vivo en una ciudad pequeña, donde este tipo de espacios eran impensables hace unos años, especialmente porque la mayoría de la población joven estaba fuera. Pero en los últimos años el retorno ha sido constante, y no solo por la situación de crisis, sino  también porque es el lugar desde el que mejor nacen los proyectos profesionales. Ser de pueblo es un lujo que muy pocos tenemos. Y en el aspecto profesional, en un mundo globalizado, permite ahorrar en costes teniendo las mismas prestaciones y objetivos.

Así que con ese retorno, nos encontramos a una generación que ha vuelto a su origen, pero no lo ha hecho con las manos vacías, sino que la mayoría trae su propio proyecto profesional. Y por tanto la situación a la hora de buscar un lugar de trabajo es común y constante.

Por ello, hace unos meses, un amigo y yo nos pusimos manos a la obra para desarrollar un espacio de trabajo. Un Coworking.

A través de un establecimiento poder canalizar esos proyectos y las redes profesionales que se crean a su alrededor. Siendo una fuente de contactos e ideas en ebullición que hace un poco más grande cada proyecto individual.

Un trabajo en equipo que retroalimenta profesiones y profesionales muy dispares.

 

Abogado sin despacho

Aún sigo escuchando voces del tipo “eso no es para un abogado”. Entre que siempre se relaciona coworking con profesiones netamente creativas, y que aún no se ha roto con la fría imagen del abogado solemne, los prejuicios están servidos. Pero por suerte, cada vez somos más los que estamos rompiendo con esos tópicos y los que optamos por nuevas manera de trabajar, tanto en la forma como en el contenido. El nuevo abogado tiene que adaptarse a las nuevas necesidades.


Compartir un despacho o utilizar los servicios de los espacios de coworking es una forma de prestar esos servicios de una manera más integrada con otras profesiones. Sin quedarse aislado.

La labor comercial no sólo está en anunciarse en revistas de prestigio, también estar en el sitio adecuado en el momento adecuado es imprescindible. Y de eso los que están en un coworking saben un rato.

Aparte de esos beneficios inmateriales pero rentables, no  podemos desdeñar los servicios que aportan a un profesional por un módico precio:

  • Mobiliario de oficina para cada puesto de trabajo individual o compartido
  • Salas de reuniones
  • Suministros (internet, luz, línea telefónica, gestión de correo…)
  • Servicios de administración y atención al público
  • Trabajo en equipo que evita la soledad profesional

 

Todo eso y mucho más es el coworking.

Las vistas de mi nuevo puesto de trabajo
Las vistas de mi nuevo puesto de trabajo

 

Ahora podréis encontrarme trabajando en   La Nao Espacio de Trabajo en Pozoblanco (Avda. Alcaracejos esquina con Rafael Alberti frente al Parque de Educación Vial).

¡Venid a vernos!

 

Pon una abogada en tu vida

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A pocos días de hacer reformas en mi web,  de las cuales os iré informando,  me apetecía escribir algo más relajado, no por ello menos importante.

Y es que justo antes de remodelar la web hacia un proyecto más consolidado y con más opciones, me planteo si es útil y reporta algo más que curiosidad entre los lectores el trabajo que estoy haciendo aquí, y si la gente quiere y debe seguir el blog de una abogada.

Creo que debería empezar por  mí misma, y ser capaz de definir qué es un abogado y para qué se utiliza. Pero ninguna de las definiciones conocidas me convence, siempre se quedan cortas, o pecan de intensidad.
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Es probable que no exista una sola definición, y la única forma de acercarnos de una manera clara a la figura del abogado sea a través de las utilidades que reporta tener una abogada amiga:

 

–       Soluciona problemas: La acepción más clásica y cómoda. Para la mayoría somos sinónimo de problemas, bien para crearlos bien para solucionarlos, pero problemas en definitiva.  Sólo se concibe la posibilidad de acudir a un abogado cuando tenemos un problema.

En ocasiones hasta es obligatorio acudir a un abogado o abogada para solucionar esos problemas, es en estos casos cuando más estrechas debe ser la relación abogada-cliente y basarse en la confianza, y es justo cuando más cuesta. Esa obligatoriedad crea una falsa situación de desequilibrio que se evoca en cierto recelo hacia el representante. Lo cierto es que a la mayoría nos gusta nuestro trabajo, y lo seguimos con escrupuloso respeto, precisamente para evitar esa relación desequilibrada. Y para el caso de que se diese, el Colegio de Abogados tiene articulados sus propios mecanismos para evitarlos.

 

–       Evita problemas.  Es un estadio previo al anterior, quizás acudir antes de tiempo a un abogado evite muchos, si no acudir, como mínimo tenerlo de amigo, para por si. A cada paso que des, ya sea profesional, personal, social, económico…, vas a toparte con la legislación, informarte antes evitará daños. Solicitar asesoramiento a una letrada cada vez es más habitual porque es una inversión para evitar dilaciones y posibles sanciones. Toda gran empresa tiene su propio equipo jurídico como una inversión en seguridad.

 

–      Un abogado es un consuelo. Al recibir una carta de la Administración o cuando alguien nos amenaza con alguna cuestión legal, parece que tener un abogado al otro lado del teléfono, y más si es  de confianza, es un paño caliente. Siempre, siempre, siempre, es más útil y fiable lo que un abogado tiene que decir que lo que puedes encontrar en Google, porque aunque encuentres una entrada buenísima, puede que no sea tu caso por una mínima diferencia inapreciable para alguien que no sabe de leyes, pero suficiente para que la solución sea distinta. Google está creando a excelentes médicos, abogados y consultores SAP junior amateur sin medida, y sin filtro.

 

–        Los abogados también son sinónimo de calidad: A la hora de realizar un trabajo, prestar un servicio o simplemente verter una opinión en una conversación, hacerlo con una buena formación legal, o un asesoramiento adecuado, siempre va a ser una garantía de calidad, un valor sutil pero determinante.

 

–     Y  de cultura: Lo que leemos, lo que vemos, lo que comemos, nuestras tradiciones…, también están dentro de la normativa, la ley forma parte de nuestra cultura y un buen conocimiento, o al menos una acertada aproximación, denota un preocupación por ella. Las corrientes culturales se mueven precisamente por la necesidad de romper con las normas establecidas, conocerlas es básico para romperlas. Ya sean propias o externas. No hay contracultura sin cultura.

 

–       Y encima, ser amigo de una abogada, es muy divertido:  Nadie se sacia de chistes de abogados y ladrones,  o para perseguirle cantando “Abogada soltera”, saludarle con voz nasal de Robert de Niro (doblado) repitiendo “Abogadoo, abogadooo…”.  Y porque en una fiesta a las 4 de la mañana cuando ya no queda alcohol ni conversación, siempre será útil para hacerle preguntas trascendentales sobre multas de la zona azul, si va a cerrar Series.ly, o si llevar porros es delito.

 

En definitiva, necesitas una amiga abogada porque no tienes tiempo para dedicar 5 años de tu vida a estudiar leyes y otros tantos para saber cómo se usan y porque seguir llamando a alguien “Ally McBeal” después de 10 años sigue sonando divertido, en tu cabeza.

 

¿Y en internet? ¿por qué una abogada en internet?

El otro día por la calle me decía el padre de un amigo “te estás adueñando lentamente de internet”.

Ay, ya quisiera yo, pero no, estar en internet es una necesidad, es mi herramienta de trabajo.  Además de una estrategia de marketing, no lo voy a negar,  estar presente en la red intentando aportar contenidos de calidad y útiles para los usuarios, y quién sabe si algún día clientes, es imprescindible tal y como se mueve hoy el mercado. También hay que estar porque internet es la calle, aquí la gente también tiene problemas y busca solución a los mismos. Aunque, como ya he apuntado antes, cuando estos revistan cierta impotancia es mejor acudir a un profesional que autodiagnosticarse.

 

Las necesidades de los consumidores de nuestros servicios evolucionan en la medida en que lo hace su alrededor.  Si mis clientes usan redes sociales para informarse o para trabajar, yo tengo que hacerlo, y estar a la altura, y cuando me necesiten estar a un click.

 

Han cambiado los roles, ahora el abogado es el que debe mostrarse ante el cliente, o posible cliente, ya no basta con estar en un directorio, sino entrar en su vida de manera útil, y no intimidatoria. Desligando la palabra abogado de una connotación negativa. No somos chupasangres, como  se dice por ahí, demonizando la figura del abogado,  por lo general somos gente con una conciencia social bastante grande, capaces de aportar un valor social mayor que el económico que podemos recibir.

 

Seguir un abogado en las redes sociales cada vez es menos extraño. Afortunadamente. Por los contenidos de calidad que suelen aportar, porque suelen estar muy atentos a las novedades legislativas, antes incluso que los medios, y además comparten información sobre su trabajo diario que acercan su labor a sus clientes dejando atrás esos anticuados mitos. Esta tendencia está dejando de lado la imagen estirada del abogado apotronado en un despacho con muebles carísimos y debidamente trajeado, y hablando en un lenguaje técnico y aletargador. Ejemplo de ello son David Bravo, Javier de la Cueva, Gonzalo BoyeDavid Maeztu, Paloma Llaneza, Avant-Garde Abogados o  Verónica del Carpio.

 

Los blogs de abogados son un referente actual, tanto cultural, político como social. Tienen un nuevo valor añadido más allá de su labor técnica. Las opiniones de los abogados son muy a tener en cuenta en toda la cultura digital que ha surgido en los últimos años, algunos de los que he citado arriba son referentes hasta el punto de ser cada vez más habitual la inclusión de su opinión en prensa.

 

Y los abogados en internet también saben divertirse:

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