Contratos de edición para escritores, el libro que las editoriales no quieren que leas.

portada-contratos-de-edicion-copia-1

Llevo intentando actualizar la web como un año, creedme que no pasa un día que no me lo recuerde, pero entre unas tareas y otras me acaba resultando imposible. Esperemos cambiar el hábito, porque tengo muchas cosas que contaros.

Una de ellas, es que hace unos meses, cayó en mis manos, por cortesía de su autora, el libro “Contratos de edición para escritores”, de María Dolores Rubio de Medina, de la editorial Playa de Ákaba.

Sigue leyendo

A priori no tiene nada de especial, un libro de derecho, sobre contratos, y que suena a libro cargado de tecnicismos, de los que  dejan al lector más perdido de lo que llegó.

Pero en el título encontramos la diferencia con el resto: “para escritores”. Y es que aunque suene raro, lo más habitual es que estos libros sobre temas jurídicos estén enfocados para juristas, a veces incluso, para teóricos del Derecho.

Cuando hace ya más de dos años esta web empezó a andar, nació con una premisa clara, tratar de acercar el derecho al usuario medio, no es un blog para abogados, sin tecnicismos ni ristras de artículos. Por eso me es tan grato encontrar obras como esta, que surgen con el mismo fin, que no es otro que hacerle la vida un poquito más agradable a quien lo lee.

Con un lenguaje cercano y certero, M.D. acerca los conceptos implicados en la edición para dispersar dudas y dotar al escritor de una seguridad jurídica poco antes conocida.

A través de anécdotas (imagino que más de una autobiográfica), va acercando conceptos y prácticas del gremio a un escritor que muchas veces se ve indefenso ante los desmanes del sector.

No os voy a desgranar el libro, ni muchos menos, además ya he hablado de los contratos de edición en esta web. Pero sí aprovecho para recomendar este tipo de herramientas a aquellos que se van a embarcar en el mundo editorial, o a aquellos embarcados que a veces piensan bajarse, ya que es una herramienta útil a la vez que ligera.

Y digo bien ligera, porque otra de las particularidades de esta obra es que es un libro de bolsillo, una rara avis en el mundo de los libros de Derecho (¿o será que no es un libro de Derecho?).

Muchas veces los temas legales o burocráticos acaben siendo un lastre para autores, sean de la disciplina que sean. Conocer las reglas del juego, son las que al final empoderan al autor, le hacen un poquito más libre. Ello no implica acatar el orden preestablecido sin rechistar, más bien todo lo contrario. Para combatir el sistema lo mejor es conocerlo, para atacarlo en sus debilidades. Tanto puede ser así, que de este libro salgan autores capaces de autoeditarse, o lo que es peor, capaces de establecer licencias abiertas para que no mojen de su trabajo las entidades de gestión (¿o debería decir LA entidad?)

En definitiva, uno de esos pequeños libros que pueden generar grandes cambios. Una gran iniciativa cargada de legalidad y realidad a partes iguales. Buen trabajo María Dolores.

 

 

Licencias abiertas en la Administración

cc

Una vez terminado el verano, empezamos el nuevo curso y con él los buenos propósitos, como compartir más artículos que he estado escribiendo en mi web.

En este tiempo sin publicar han ocurrido muchas cosas. Una de las más paradójicas es que desde hace unos meses soy Concejala de Cultura en mi pueblo.

Sin duda un lugar privilegiado desde el que observar las cuestiones relativas a la propiedad intelectual, y cómo desde la Administración se pueden dar pequeños grandes pasos para evolucionar hacia un sistema que no encorsete el conocimiento.

Sigue leyendo

Sin ánimo de realizar un mítin político, sí creo que es interesante abordar las posibilidades de usar recursos abiertos en las Administraciones, y cómo un concepto restrictivo de la propiedad intelectual, como ha venido siendo tradicionalmente en nuestro sistema jurídico y administrativo, puede suponer un retroceso en  el funcionamiento de las mismas.

Mucho se ha hablado del software libre, que cada vez tiene más encaje en las Administraciones Públicas. Una evolución natural. También se habla con más frecuencia sobre los Open Data, o datos abiertos, especialmente en un momento en que la transparencia es la bandera de todas las políticas. Pero también encontramos que las Administraciones tienen servicios de publicaciones, que pretenden la divulgación y que sin duda encuentran el mejor aliado en las licencias abiertas.

Vamos por partes.

El Software Libre

No es otra cosa que el uso de programas o sistemas que permiten al usuario acceder a su código fuente. Y por tanto le permite modificar, analizar, redistribuir e instalar el software en tantos ordenadores como crea conveniente.

Teniendo en cuenta que las Administraciones, mayores o pequeñas, funcionan con cientos de ordenadores conectados entre sí, utilizar este tipo de software responde a la propia naturaleza de uno y otra.

En España existe el CENATIC (Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las Tic basadas en fuentes abiertas), o lo que es lo mismo, es una institución que fomenta y ayuda a las Administraciones públicas a la implantación de estos sistemas.

Una Administración que utiliza estos recursos, gana en independencia y agilidad, ya que puede amoldar las distintas aplicaciones a sus particularidades técnicas.

Los Datos Abiertos

Se trata de que las Administraciones permitan el acceso a los datos que manejan sin restricciones de ningún tipo. Es un concepto que va más allá de colgar muchos PDF con resoluciones en un portal.

Lo que pretenden los defensores de la apertura de datos, es una gestión administrativa totalmente transparente y que permite analizar los procesos que se realizan desde una institución.

Lo cual, permite una mayor capacidad de resolución de incidencias y una evolución más fluida de todo el sistema.

Los datos o recursos abiertos, está íntimamente ligado con la libertad del conocimiento. Lo cual nos lleva directamente a la posibilidad de incluir licencias abiertas en las publicaciones de las Administraciones. Y es en este punto donde me voy a detener con mayor detalle.

 

Las licencias abiertas en los servicios de publicaciones de las Administraciones

Casi todas las Administraciones disponen de un servicio de publicaciones, el cuál permite la difusión de conocimiento. Es decir, se trata de una especie de editorial pública, y que sobre todo se ocupa de obras que por su carácter técnico, valor histórico o artístico, procuran la divulgación de algún hecho o suceso relevante. No son obras netamente comerciales, y por tanto estos servicios no compiten directamente con la industrial editorial privada.

La contradicción que se da con estas obras de naturaleza divulgativa, es que en la mayoría de las ocasiones se difunden con todos los derechos reservados.

Como decía, se trata de publicaciones muy concretas, y sobre temas, las más de las veces, referentes a datos o sucesos locales. Por lo tanto nacen limitadas a una distribución entre un público objetivo muy reducido, al que si además si le sumamos su anquilosamiento en el formato analógico, nos encontramos con que las Administraciones actualmente cuentan con un problema de distribución importante. Lo cual se empieza a traducir en un problema de espacio.

Por ello, cada vez más, las nuevas políticas se están acercando a las licencias abiertas, para atajar este problema inmediato de distribución, pero a la vez como respuesta del espíritu natural con el que nacen estas publicaciones: la divulgación del conocimiento.

Incluso Creative Commons se ha dado cuenta que sus licencias podrían tener un hueco en el funcionamiento de las Administraciones, y ha llegado a ofrecerse formalmente a aquellas que estén dispuestas a evolucionar dejando atrás los “todos los derechos reservados”, que acaban siendo un contradicción de lo público.

Si a este modelo de copyleft, le sumamos la posibilidad de que las obras se publiquen también en formatos digitales de fácil acceso y distribución, permite que una obra que antes estaba condenada a unas ventas residuales, pueda llegar a más gente, lo cual, también se suele traducir en un aumento de las ventas.

Es por todas estas razones, que la defensa que siempre he venido haciendo aquí del uso de las licencias abiertas, cobra especial sentido en mi nueva labor. Si todas las Administraciones, más o menos pequeñas, hicieran ese pequeño gesto de introducir las licencias abiertas en su gestión, entrarían en el dominio público las obras más importantes de la base de la cultura popular. Por eso, es el momento de que nuevas políticas empiecen a abrir la cultura pública que jamás debió encerrarse con una visión restrictiva de la propiedad intelectual. Justo lo contrario de lo público.

Sería tanto como dotar a esas publicaciones de la inmediatez y agilidad de la que goza la tradición oral como fuente de transmisión del conocimiento.

 

¡Cuidado! ¡Timo a la vista en marcas y patentes!

rosario-rossi-marcas

Ya he hablado en otras entradas de la importancia de registrar una marca para evitar que alguien te prive de su uso por la vía del registro previo.

Pues bien, esa actividad de registro está dando lugar a nuevas formas de negocio que rozan la estafa, y que son de dudosa moralidad.

Sigue leyendo

Me explico. Los últimos clientes con los que he trabajado en cuestiones de marca, han recibido una serie de comunicaciones con apariencia de oficiales, pero que no lo son.

Os cuento cuales han sido los casos para poder detectar estas cartas con rapidez y acudir a un profesional antes de efectuar ningún pago:

1) La primera de ellas era de un despacho internacional de abogados especializados en gestión de marcas. Pero camuflaba su carácter publicitario, y es que en el sobre solo se podía leer “Patentes y Marcas”, sin ningún membrete oficial. Para alguien que no esté acostumbrado a recibir comunicaciones oficiales de la Oficina de Patentes y Marcas, no tiene porque detectar el carácter no oficial de dicha comunicación. Con lo cual crea una situación de confusión en el cliente, que recibe una publicidad que desde luego no ha solicitado.

2) La segunda de las comunicaciones, era una carta con apariencia de factura que reclama una cantidad desorbitada. La aparente factura determina el concepto del registro o renovación de marca y asevera de su pago. Evidentemente crea gran alarma en quien la recibe (espero que todos llamen a un abogado antes de acceder al pago). Porque resulta que la factura no es real, y en la letra pequeña dice que es la oferta del servicio, no el pago del servicio ya realizado, y que si se hiciese el pago, el mero hecho del ingreso constituye una aceptación de su contrato y sus condiciones, por lo que para entonces sería tarde cualquier devolución o cancelación del contrato.

¿Quién está detrás de estas cartas?

Se trata de bases de datos de marcas, totalmente ajenas a registros oficiales, y de suscripción voluntaria, por lo que en principio sería legal. Y que por cierto, no tienen validez ninguna en temas de protección de marca, puesto que en caso de conflicto no tendría valor probatorio, puesto que son registros privados y con muy pocas suscripciones.

También llama la atención, y denota que no es algo muy normal, el hecho de que las empresas que nos reclaman ese pago, tienen sedes en países muy alejados, que no tienen competencia directa en las marcas registradas en España (Australia, Rusia…).

¿Y de dónde sacan los datos?

Ahí está su truco. No hacen nada ilegal. Los datos los toman de fuentes accesibles al público, como es el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI), donde se publican todos los registros que se efectúan, y los datos de quienes las registran. Por lo que no  compran listas de datos a terceros, ni los consiguen de ninguna manera fraudulenta.

Podríamos entender que vulnera la Ley Orgánica de Protección de Datos por el hecho de que nos están enviando información comercial sin solicitarla ni consentir el tratamiento de nuestros datos. Pero no, esa protección es solo para los datos de carácter personal, y se entiende que una marca es para una cuestión comercial, por tanto, pierden ese carácter de datos personales. Aunque quien registre sea una persona física.

 

Como vemos, solo envían una oferta de un producto, el problema es el malintencionado diseño de la oferta, que le da apariencia de factura oficial, y que si no deparamos en la letra pequeña nos puede dar un buen disgusto.

Por eso, antes de hacer cualquier pago, es mejor que hables con un especialista, y dejes en sus manos las gestiones necesarias antes de tener que lamentarnos.

AQUÍ tienes el contacto de una bastante buena 😉

¡Feliz verano!

 

La importancia de cuidar una marca

rosariorossi

 

Cuando se decide poner en marcha un negocio, lo primero en que pensamos es lo servicios a ofrecer, clientes, lugar de trabajo…

Pero, ¿y el nombre?

Las más de las veces queda para última hora y se toma como algo accesorio. Otras veces en cambio responde a un trabajo de semanas o meses, de estudios de mercado y de análisis de tus potenciales clientes para elegir la mejor denominación para tus servicios.

Sigue leyendo

Sea como sea, de una buena o mala elección puede depender el éxito o el fracaso de un negocio. Al fin y al cabo es la puerta de entrada para tu cliente. Por eso protegerla y cuidarla debe ser una prioridad para cualquier negocio.

Es verdad que, no pocas veces, en este blog me he mostrado partidaria de una concepción de la propiedad intelectual bastante abierta y muy a favor de las licencias abiertas. Pero en el tema de marcas, sí considero indispensable una buena protección y una concepción más restrictiva para poder concurrir al mercado con total tranquilidad. Al fin y al cabo la marca es un elemento diferenciador de una empresa.

Además, esa protección, bien gestionada, puede hacer que la marca sea un activo que ofrezca rendimientos tan importantes como el intercambio de mercaderías. Me explico desde dos vertientes:

  • Por un lado, evitar el aprovechamiento de terceros de la marca y no perder cuota de mercado, bien con denominaciones similares o utilizando los mismos signos con los que concurre una empresa  en el mercado. Una marca registrada  es una garantía que se puede ejercer contra aquellos que pretendan aprovecharse de una marca ya consolidada. Así, si alguien aparece en el mercado ofreciendo similares servicios con un nombre más que parecido, puedes evitarlo.
  • Por otro, bien enfocado, puede ser una fuente de ingresos. Cuando una marca crece todos quieren participar de ella. Poder llegar a acuerdos de cesiones de uso con terceros o, incluso poder franquiciar la marca, puede multiplicar exponencialmente el ritmo de crecimiento de un negocio, sin más inversión que la de potenciar sus activos intangibles.

En ese cambio de perspectiva, en el que la marca empieza a ser tan importante como un buen servicio, ha tenido mucho que ver Internet. Y es que, la facilidad de montar un negocio en Internet y la facilidad de reproducción de contenidos, hace que proteger una marca sea imprescindible para evitar que el esfuerzo sea tirado por tierra a la primera de cambio. Además Internet es esencialmente visual, que un cliente acceda a tus servicios o no puede estar en algo tan simple como un nombre gancho o una imagen llamativa.

 

Cómo se protege una marca

No basta con el registro, sino que la protección de la marca implica también su seguimiento y defensa. Es decir, si se registra, para que dicha inscripción  sea efectiva precisa de una monitorización de la misma, y atajar los casos en que la misma sea utilizada de manera no consentida o indeseada. La defensa no sólo está en la réplica de nuestra marca, sino también en la reputación que tenga. En internet tener una buena reputación es tan rentable o más como una inversión en una buena campaña de marketing.


El registro es un trámite administrativo, sencillo y barato, que puede cambiar para siempre el signo de tu empresa.

Pero antes de proceder a registrar debemos contestar una serie de preguntas que nos ayudaran tanto para hacer más práctico ese registro como para conocer nuestra empresa:

  • ¿Por qué registrar?: Saber el porqué nuestra marca es una herramienta y un elemento indispensable de nuestra empresa, hará que su defensa y protección no sea en vano. Una empresa que defiende su marca es una empresa orgullosa de la misma. Conocer los valores que transmite y a quién quiere llegar con la marca es imprescindible.
  • ¿Dónde?: Conocer cual es nuestro mercado, será determinante a la hora de hacer un registro y una protección provechosa de nuestra marca, y evitaremos el derroche de recursos.  Tanto en los servicios como en la determinación territorial para la que queremos utilizar nuestra marca.
  • ¿Qué queremos proteger? No todo es registrable.  No podemos utilizar términos genéricos o meramente descriptivos. Tampoco son registrables las ideas, por lo que un sistema de negocio no es registrable, pero sí sus signos distintivos, desde su nombre comercial, a su logotipo, dominios de internet… Dentro de esos elementos, hay que analizar aquello que diferencia a una empresa y le hace única con respecto a sus competidores, presentes y futuros.

Podemos determinar en tres pasos principales ese registro:

  • Comprobar en el localizador que la Oficina de Marcas y patentes tiene en su web para comprobar si la marca que queremos utilizar ya existe.
  • Determinar la clase Niza para la que queremos hacer el registro. Esto no es otra cosa que una clasificación que sirve para limitar el uso de una marca a unos productos o servicios concretos. Un negocio de perfumería no tiene sentido limitar el uso de un nombre similar en una carnicería, no es su competencia.
  • Rellenar el formulario de solicitud de registro. Se puede hacer online, por un módico precio (123€  aprox.).

Como decía más arriba, todos estos trámites no convierten por sí a una marca en una fortaleza infranqueable. Para hacer esa labor puedes encontrar multitud de herramientas que te faciliten la vida en esta materia, aquí te dejo un artículo de Puro Marketing donde puedes encontrar algunas de ellas.

Pero si quieres ayuda profesional o has detectado alguna infracción te recomiendo contactar con Gestión de Intangibles, además tengo la suerte de colaborar habitualmente con ellos en estos temas como abogada, y es un auténtico placer.

P.D. Ante el interés y afecto mostrado por algunas y algunos lectores pidiéndome que escriba con más regularidad, prometo ponerme a ello (que lo consiga o no es otra cosa)  :)

 

 

Salir, beber, pagar a la SGAE

rosario-rossi (2)

Si tienes un bar, un autobús, una caseta de feria, una radio online (profesional o aficionada), una compañía de teatro (profesional o amateur), un local de trabajo, un reproductor para ambientar tu web(profesional o particular), una asociación que hace conciertos (exclusivos para sus socios o abiertos al público en general),  conciertos benéficos,  fiestas fin de curso, bodas (con o sin conga)… En definitiva, si realizas cualquier actividad que implique música o emisión de televisión que vaya más allá del ámbito privado, y aún no pagas a una o más Entidades de Gestión, deberías estar muy pendiente de tu buzón.

  Sigue leyendo

¿Qué es una entidad de gestión?

La SGAE.

Pero no es la única, existe una para cada sector (VEGAP, AISGE, AEDI-AIE, CEDRO, DAMA…).

Las Entidades de Gestión de Derechos de propiedad intelectual, según la definición oficial, no tienen ánimo de lucro, y son las encargadas de gestionar aquellos derechos derivados de la propiedad intelectual de las obras que tengan carácter patrimonial.

Derechos patrimoniales son aquellos derechos de explotación que tiene una obra, como pueden ser transformación (un dj), comunicación pública (un bar), reproducción (sacar una copia de una obra)… Y conforman la propiedad intelectual junto con los derechos morales, que son derechos irrenunciables como es el reconocimiento de la autoría de la obra o el derecho a que la misma se mantenga íntegra.


¿De dónde viene la mala fama de esas entidades?

De estas entidades se ha dicho mucho, y no siempre bueno. La culpa no es del todo suya. La ley contempla un concepto de la propiedad intelectual estático y anquilosado que solo favorece a unos pocos. Con unos derechos perpetuos (70 años después de la muerte del autor), tasas excesivas y abusivas que solo limitan la distribución cultural, diseñado solo para favorecer a sus socios, ya que quien no es socio de una entidad de gestión no tiene manera de cobrar por esos derechos.

El problema es que estas entidades durante varios años se tomaron tan en serio su labor que no dejaron títere con cabeza, no había evento o garito sin inspector de la SGAE.

Aún así, no tiene mucha razón de ser que esas entidades se dediquen a perseguir eventos que no tienen ánimo de lucro y que la mayoría de las veces lo que hace es favorecer a los titulares de las obras, facilitando su difusión y conocimiento. La única bonificación que contemplan es un descuento del 25% para los eventos (web, radio online, o local de una ong) que no tengan carácter comercial.

Tampoco es muy lógico la persecución a los establecimientos, especialmente cuando es un negocio pequeño, que normalmente tiene una gran carga fiscal y de gastos fijos que ya dificultan sacar rendimiento, si además le sumamos las cuotas de las entidades de gestión, hace casi imposible continuar.

Esto no quiere decir que la cultura deba ser gratis, pero tampoco un cheque en blanco para unos pocos. Sino una distribución más equitativa y adaptada a los nuevos medios de difusión digitales.

ROSARIOROSSI (2)

¿Se pueden evitar los pagos?

Si tienes un negocio enfocado a la música comercial, es mejor que vayas liquidando tu cuenta a la primera carta que recibas de alguna de estas entidades. Con poner una sola canción de los 40 ya vale para generar ese derecho de pago.   Aquí te dejo el listado de tarifas de la SGAE para encuentres tu epígrafe y tu cuota. Por cierto, no bastaría con pagar a la SGAE, sino que AGEDI-AIE que se ocupa de productores y ejecutantes también tendría derecho, y si encima tienes TV en el local, AISGE te podría reclamar por los actores que salen en los programas de esa TV, aunque no la pongas. Y es que las entidades cuentan con un montón de presunciones que utilizan a su favor, simplemente por tener una tele o un sistema de sonido ya se da por hecho que se usan y que en ellos se emiten obras de sus socios. Si no es así te tocará demostrarlo.

Otra cosa, no basta con pagar la TV por cable para bares que tiene un recargo precisamente por la difusión que tienen esas emisiones, aunque pongas la radio desde los canales de esa TV. Ese recargo es por los contenidos propios de los canales, pero no por los de terceros, así que hay que pagar a las entidades igual que el resto. Lo mismo ocurre con suscripciones premium a Spotify, este programa en ningún caso puede utilizarse en lugares comerciales, solo es de uso privado.

Se pueden dar situaciones tan esperpénticas como que una canción suene una vez y se pague por ella hasta cuatro veces: 1) un grupo versiona una canción, 2) una emisora de radio  la emite, 3) el bar en el que está sonando esa radio de fondo, y 4) si ese día en el bar se grabó un vídeo de amigos para una boda, en el enlace vuelve a pasar por caja.

La única manera de que ese derecho no se genere, y no puedan reclamar su pago, es utilizando obras de artistas que no sean socios de esas entidades. El problema es que no existe un catálogo de artistas y creadores que pertenezcan a las entidades, ni está previsto que se pueda crear. Ellos se excusan en que son “casi todos”, pero nunca lo sabremos.

La única solución que ya queda es acudir a páginas que te facilitan un catálogo en libre descarga o escucha de canciones que se encuentran bajo licencias de libre difusión o aquellas que por el paso del tiempo hayan quedado libres.

La más conocida, y con mayor catálogo es JAMENDO, que además con una opción de suscripción muy asequible te permite acceder a la música por listas, para que sea más fácil almacenar la música que te gusta. Además te facilita signos distintivos para poderlos colocar en tu web o local, y es que, si vas a eludir el pago de las gestoras será mejor que así lo identifiques con carteles, y  asumir que jamás volverá a sonar una canción que no esté entre las de libre difusión (copyleft, Creative Commons..), ya que una sola canción de un socio de una gestora ya da lugar al derecho que a ellas les asiste para cobrar.

Si ya tienes la carta por la que te reclaman una deuda o te invitan regularizar la situación, lo mejor es contactar con un profesional que te asesore para reducir la cuota o negociar la deuda que reclamen, los retrasos o impagos no pocas veces terminan en el juzgado.