¡Cuidado! ¡Timo a la vista en marcas y patentes!

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Ya he hablado en otras entradas de la importancia de registrar una marca para evitar que alguien te prive de su uso por la vía del registro previo.

Pues bien, esa actividad de registro está dando lugar a nuevas formas de negocio que rozan la estafa, y que son de dudosa moralidad.

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Me explico. Los últimos clientes con los que he trabajado en cuestiones de marca, han recibido una serie de comunicaciones con apariencia de oficiales, pero que no lo son.

Os cuento cuales han sido los casos para poder detectar estas cartas con rapidez y acudir a un profesional antes de efectuar ningún pago:

1) La primera de ellas era de un despacho internacional de abogados especializados en gestión de marcas. Pero camuflaba su carácter publicitario, y es que en el sobre solo se podía leer “Patentes y Marcas”, sin ningún membrete oficial. Para alguien que no esté acostumbrado a recibir comunicaciones oficiales de la Oficina de Patentes y Marcas, no tiene porque detectar el carácter no oficial de dicha comunicación. Con lo cual crea una situación de confusión en el cliente, que recibe una publicidad que desde luego no ha solicitado.

2) La segunda de las comunicaciones, era una carta con apariencia de factura que reclama una cantidad desorbitada. La aparente factura determina el concepto del registro o renovación de marca y asevera de su pago. Evidentemente crea gran alarma en quien la recibe (espero que todos llamen a un abogado antes de acceder al pago). Porque resulta que la factura no es real, y en la letra pequeña dice que es la oferta del servicio, no el pago del servicio ya realizado, y que si se hiciese el pago, el mero hecho del ingreso constituye una aceptación de su contrato y sus condiciones, por lo que para entonces sería tarde cualquier devolución o cancelación del contrato.

¿Quién está detrás de estas cartas?

Se trata de bases de datos de marcas, totalmente ajenas a registros oficiales, y de suscripción voluntaria, por lo que en principio sería legal. Y que por cierto, no tienen validez ninguna en temas de protección de marca, puesto que en caso de conflicto no tendría valor probatorio, puesto que son registros privados y con muy pocas suscripciones.

También llama la atención, y denota que no es algo muy normal, el hecho de que las empresas que nos reclaman ese pago, tienen sedes en países muy alejados, que no tienen competencia directa en las marcas registradas en España (Australia, Rusia…).

¿Y de dónde sacan los datos?

Ahí está su truco. No hacen nada ilegal. Los datos los toman de fuentes accesibles al público, como es el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI), donde se publican todos los registros que se efectúan, y los datos de quienes las registran. Por lo que no  compran listas de datos a terceros, ni los consiguen de ninguna manera fraudulenta.

Podríamos entender que vulnera la Ley Orgánica de Protección de Datos por el hecho de que nos están enviando información comercial sin solicitarla ni consentir el tratamiento de nuestros datos. Pero no, esa protección es solo para los datos de carácter personal, y se entiende que una marca es para una cuestión comercial, por tanto, pierden ese carácter de datos personales. Aunque quien registre sea una persona física.

 

Como vemos, solo envían una oferta de un producto, el problema es el malintencionado diseño de la oferta, que le da apariencia de factura oficial, y que si no deparamos en la letra pequeña nos puede dar un buen disgusto.

Por eso, antes de hacer cualquier pago, es mejor que hables con un especialista, y dejes en sus manos las gestiones necesarias antes de tener que lamentarnos.

AQUÍ tienes el contacto de una bastante buena 😉

¡Feliz verano!

 

Una de abogados y coworking

 

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Logotipo de La Nao Espacio de Trabajo

 

El origen

Hace ya casi año y medio que esta web empezó a andar, y mucho han cambiado las cosas desde entonces. Lo que empezó siendo un proyecto divulgativo ahora mismo es mi principal medio de vida.

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Aquellos primero pasos fueron desde una pequeña habitación en casa de mi madre, un escritorio entre la cama y el armario. Me bastaba, y volvería a hacerlo mil veces. Pero esas circunstancias también aportan sus limitaciones al proyecto profesional y personal, por eso había que dar el paso hacia un nuevo lugar y forma de trabajo.

 

Independencia y trabajo en grupo

Lo normal habría sido buscar un despacho con muebles bonitos desde el  que trabajar sola. Esa opción me producía rechazo de entrada. No quiero impresionar al cliente, quiero que confíe en mis servicios. El concepto de abogado ha evolucionado, por más que algunos se empeñen en anquilosarlo en el concepto tradicional e individualista.

El individualismo la mayoría de las veces se confunde con la independencia profesional.

Por eso sabía que debía tomar un rumbo diferente. Empecé a indagar y di con los espacios de coworking, y cuando salía por trabajo fuera de mi ciudad eran un recurso que me permitía trabajar y tener reuniones en un lugar profesional y discreto.

Vivo en una ciudad pequeña, donde este tipo de espacios eran impensables hace unos años, especialmente porque la mayoría de la población joven estaba fuera. Pero en los últimos años el retorno ha sido constante, y no solo por la situación de crisis, sino  también porque es el lugar desde el que mejor nacen los proyectos profesionales. Ser de pueblo es un lujo que muy pocos tenemos. Y en el aspecto profesional, en un mundo globalizado, permite ahorrar en costes teniendo las mismas prestaciones y objetivos.

Así que con ese retorno, nos encontramos a una generación que ha vuelto a su origen, pero no lo ha hecho con las manos vacías, sino que la mayoría trae su propio proyecto profesional. Y por tanto la situación a la hora de buscar un lugar de trabajo es común y constante.

Por ello, hace unos meses, un amigo y yo nos pusimos manos a la obra para desarrollar un espacio de trabajo. Un Coworking.

A través de un establecimiento poder canalizar esos proyectos y las redes profesionales que se crean a su alrededor. Siendo una fuente de contactos e ideas en ebullición que hace un poco más grande cada proyecto individual.

Un trabajo en equipo que retroalimenta profesiones y profesionales muy dispares.

 

Abogado sin despacho

Aún sigo escuchando voces del tipo “eso no es para un abogado”. Entre que siempre se relaciona coworking con profesiones netamente creativas, y que aún no se ha roto con la fría imagen del abogado solemne, los prejuicios están servidos. Pero por suerte, cada vez somos más los que estamos rompiendo con esos tópicos y los que optamos por nuevas manera de trabajar, tanto en la forma como en el contenido. El nuevo abogado tiene que adaptarse a las nuevas necesidades.


Compartir un despacho o utilizar los servicios de los espacios de coworking es una forma de prestar esos servicios de una manera más integrada con otras profesiones. Sin quedarse aislado.

La labor comercial no sólo está en anunciarse en revistas de prestigio, también estar en el sitio adecuado en el momento adecuado es imprescindible. Y de eso los que están en un coworking saben un rato.

Aparte de esos beneficios inmateriales pero rentables, no  podemos desdeñar los servicios que aportan a un profesional por un módico precio:

  • Mobiliario de oficina para cada puesto de trabajo individual o compartido
  • Salas de reuniones
  • Suministros (internet, luz, línea telefónica, gestión de correo…)
  • Servicios de administración y atención al público
  • Trabajo en equipo que evita la soledad profesional

 

Todo eso y mucho más es el coworking.

Las vistas de mi nuevo puesto de trabajo
Las vistas de mi nuevo puesto de trabajo

 

Ahora podréis encontrarme trabajando en   La Nao Espacio de Trabajo en Pozoblanco (Avda. Alcaracejos esquina con Rafael Alberti frente al Parque de Educación Vial).

¡Venid a vernos!

 

La importancia de cuidar una marca

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Cuando se decide poner en marcha un negocio, lo primero en que pensamos es lo servicios a ofrecer, clientes, lugar de trabajo…

Pero, ¿y el nombre?

Las más de las veces queda para última hora y se toma como algo accesorio. Otras veces en cambio responde a un trabajo de semanas o meses, de estudios de mercado y de análisis de tus potenciales clientes para elegir la mejor denominación para tus servicios.

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Sea como sea, de una buena o mala elección puede depender el éxito o el fracaso de un negocio. Al fin y al cabo es la puerta de entrada para tu cliente. Por eso protegerla y cuidarla debe ser una prioridad para cualquier negocio.

Es verdad que, no pocas veces, en este blog me he mostrado partidaria de una concepción de la propiedad intelectual bastante abierta y muy a favor de las licencias abiertas. Pero en el tema de marcas, sí considero indispensable una buena protección y una concepción más restrictiva para poder concurrir al mercado con total tranquilidad. Al fin y al cabo la marca es un elemento diferenciador de una empresa.

Además, esa protección, bien gestionada, puede hacer que la marca sea un activo que ofrezca rendimientos tan importantes como el intercambio de mercaderías. Me explico desde dos vertientes:

  • Por un lado, evitar el aprovechamiento de terceros de la marca y no perder cuota de mercado, bien con denominaciones similares o utilizando los mismos signos con los que concurre una empresa  en el mercado. Una marca registrada  es una garantía que se puede ejercer contra aquellos que pretendan aprovecharse de una marca ya consolidada. Así, si alguien aparece en el mercado ofreciendo similares servicios con un nombre más que parecido, puedes evitarlo.
  • Por otro, bien enfocado, puede ser una fuente de ingresos. Cuando una marca crece todos quieren participar de ella. Poder llegar a acuerdos de cesiones de uso con terceros o, incluso poder franquiciar la marca, puede multiplicar exponencialmente el ritmo de crecimiento de un negocio, sin más inversión que la de potenciar sus activos intangibles.

En ese cambio de perspectiva, en el que la marca empieza a ser tan importante como un buen servicio, ha tenido mucho que ver Internet. Y es que, la facilidad de montar un negocio en Internet y la facilidad de reproducción de contenidos, hace que proteger una marca sea imprescindible para evitar que el esfuerzo sea tirado por tierra a la primera de cambio. Además Internet es esencialmente visual, que un cliente acceda a tus servicios o no puede estar en algo tan simple como un nombre gancho o una imagen llamativa.

 

Cómo se protege una marca

No basta con el registro, sino que la protección de la marca implica también su seguimiento y defensa. Es decir, si se registra, para que dicha inscripción  sea efectiva precisa de una monitorización de la misma, y atajar los casos en que la misma sea utilizada de manera no consentida o indeseada. La defensa no sólo está en la réplica de nuestra marca, sino también en la reputación que tenga. En internet tener una buena reputación es tan rentable o más como una inversión en una buena campaña de marketing.


El registro es un trámite administrativo, sencillo y barato, que puede cambiar para siempre el signo de tu empresa.

Pero antes de proceder a registrar debemos contestar una serie de preguntas que nos ayudaran tanto para hacer más práctico ese registro como para conocer nuestra empresa:

  • ¿Por qué registrar?: Saber el porqué nuestra marca es una herramienta y un elemento indispensable de nuestra empresa, hará que su defensa y protección no sea en vano. Una empresa que defiende su marca es una empresa orgullosa de la misma. Conocer los valores que transmite y a quién quiere llegar con la marca es imprescindible.
  • ¿Dónde?: Conocer cual es nuestro mercado, será determinante a la hora de hacer un registro y una protección provechosa de nuestra marca, y evitaremos el derroche de recursos.  Tanto en los servicios como en la determinación territorial para la que queremos utilizar nuestra marca.
  • ¿Qué queremos proteger? No todo es registrable.  No podemos utilizar términos genéricos o meramente descriptivos. Tampoco son registrables las ideas, por lo que un sistema de negocio no es registrable, pero sí sus signos distintivos, desde su nombre comercial, a su logotipo, dominios de internet… Dentro de esos elementos, hay que analizar aquello que diferencia a una empresa y le hace única con respecto a sus competidores, presentes y futuros.

Podemos determinar en tres pasos principales ese registro:

  • Comprobar en el localizador que la Oficina de Marcas y patentes tiene en su web para comprobar si la marca que queremos utilizar ya existe.
  • Determinar la clase Niza para la que queremos hacer el registro. Esto no es otra cosa que una clasificación que sirve para limitar el uso de una marca a unos productos o servicios concretos. Un negocio de perfumería no tiene sentido limitar el uso de un nombre similar en una carnicería, no es su competencia.
  • Rellenar el formulario de solicitud de registro. Se puede hacer online, por un módico precio (123€  aprox.).

Como decía más arriba, todos estos trámites no convierten por sí a una marca en una fortaleza infranqueable. Para hacer esa labor puedes encontrar multitud de herramientas que te faciliten la vida en esta materia, aquí te dejo un artículo de Puro Marketing donde puedes encontrar algunas de ellas.

Pero si quieres ayuda profesional o has detectado alguna infracción te recomiendo contactar con Gestión de Intangibles, además tengo la suerte de colaborar habitualmente con ellos en estos temas como abogada, y es un auténtico placer.

P.D. Ante el interés y afecto mostrado por algunas y algunos lectores pidiéndome que escriba con más regularidad, prometo ponerme a ello (que lo consiga o no es otra cosa)  :)

 

 

Salir, beber, pagar a la SGAE

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Si tienes un bar, un autobús, una caseta de feria, una radio online (profesional o aficionada), una compañía de teatro (profesional o amateur), un local de trabajo, un reproductor para ambientar tu web(profesional o particular), una asociación que hace conciertos (exclusivos para sus socios o abiertos al público en general),  conciertos benéficos,  fiestas fin de curso, bodas (con o sin conga)… En definitiva, si realizas cualquier actividad que implique música o emisión de televisión que vaya más allá del ámbito privado, y aún no pagas a una o más Entidades de Gestión, deberías estar muy pendiente de tu buzón.

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¿Qué es una entidad de gestión?

La SGAE.

Pero no es la única, existe una para cada sector (VEGAP, AISGE, AEDI-AIE, CEDRO, DAMA…).

Las Entidades de Gestión de Derechos de propiedad intelectual, según la definición oficial, no tienen ánimo de lucro, y son las encargadas de gestionar aquellos derechos derivados de la propiedad intelectual de las obras que tengan carácter patrimonial.

Derechos patrimoniales son aquellos derechos de explotación que tiene una obra, como pueden ser transformación (un dj), comunicación pública (un bar), reproducción (sacar una copia de una obra)… Y conforman la propiedad intelectual junto con los derechos morales, que son derechos irrenunciables como es el reconocimiento de la autoría de la obra o el derecho a que la misma se mantenga íntegra.


¿De dónde viene la mala fama de esas entidades?

De estas entidades se ha dicho mucho, y no siempre bueno. La culpa no es del todo suya. La ley contempla un concepto de la propiedad intelectual estático y anquilosado que solo favorece a unos pocos. Con unos derechos perpetuos (70 años después de la muerte del autor), tasas excesivas y abusivas que solo limitan la distribución cultural, diseñado solo para favorecer a sus socios, ya que quien no es socio de una entidad de gestión no tiene manera de cobrar por esos derechos.

El problema es que estas entidades durante varios años se tomaron tan en serio su labor que no dejaron títere con cabeza, no había evento o garito sin inspector de la SGAE.

Aún así, no tiene mucha razón de ser que esas entidades se dediquen a perseguir eventos que no tienen ánimo de lucro y que la mayoría de las veces lo que hace es favorecer a los titulares de las obras, facilitando su difusión y conocimiento. La única bonificación que contemplan es un descuento del 25% para los eventos (web, radio online, o local de una ong) que no tengan carácter comercial.

Tampoco es muy lógico la persecución a los establecimientos, especialmente cuando es un negocio pequeño, que normalmente tiene una gran carga fiscal y de gastos fijos que ya dificultan sacar rendimiento, si además le sumamos las cuotas de las entidades de gestión, hace casi imposible continuar.

Esto no quiere decir que la cultura deba ser gratis, pero tampoco un cheque en blanco para unos pocos. Sino una distribución más equitativa y adaptada a los nuevos medios de difusión digitales.

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¿Se pueden evitar los pagos?

Si tienes un negocio enfocado a la música comercial, es mejor que vayas liquidando tu cuenta a la primera carta que recibas de alguna de estas entidades. Con poner una sola canción de los 40 ya vale para generar ese derecho de pago.   Aquí te dejo el listado de tarifas de la SGAE para encuentres tu epígrafe y tu cuota. Por cierto, no bastaría con pagar a la SGAE, sino que AGEDI-AIE que se ocupa de productores y ejecutantes también tendría derecho, y si encima tienes TV en el local, AISGE te podría reclamar por los actores que salen en los programas de esa TV, aunque no la pongas. Y es que las entidades cuentan con un montón de presunciones que utilizan a su favor, simplemente por tener una tele o un sistema de sonido ya se da por hecho que se usan y que en ellos se emiten obras de sus socios. Si no es así te tocará demostrarlo.

Otra cosa, no basta con pagar la TV por cable para bares que tiene un recargo precisamente por la difusión que tienen esas emisiones, aunque pongas la radio desde los canales de esa TV. Ese recargo es por los contenidos propios de los canales, pero no por los de terceros, así que hay que pagar a las entidades igual que el resto. Lo mismo ocurre con suscripciones premium a Spotify, este programa en ningún caso puede utilizarse en lugares comerciales, solo es de uso privado.

Se pueden dar situaciones tan esperpénticas como que una canción suene una vez y se pague por ella hasta cuatro veces: 1) un grupo versiona una canción, 2) una emisora de radio  la emite, 3) el bar en el que está sonando esa radio de fondo, y 4) si ese día en el bar se grabó un vídeo de amigos para una boda, en el enlace vuelve a pasar por caja.

La única manera de que ese derecho no se genere, y no puedan reclamar su pago, es utilizando obras de artistas que no sean socios de esas entidades. El problema es que no existe un catálogo de artistas y creadores que pertenezcan a las entidades, ni está previsto que se pueda crear. Ellos se excusan en que son “casi todos”, pero nunca lo sabremos.

La única solución que ya queda es acudir a páginas que te facilitan un catálogo en libre descarga o escucha de canciones que se encuentran bajo licencias de libre difusión o aquellas que por el paso del tiempo hayan quedado libres.

La más conocida, y con mayor catálogo es JAMENDO, que además con una opción de suscripción muy asequible te permite acceder a la música por listas, para que sea más fácil almacenar la música que te gusta. Además te facilita signos distintivos para poderlos colocar en tu web o local, y es que, si vas a eludir el pago de las gestoras será mejor que así lo identifiques con carteles, y  asumir que jamás volverá a sonar una canción que no esté entre las de libre difusión (copyleft, Creative Commons..), ya que una sola canción de un socio de una gestora ya da lugar al derecho que a ellas les asiste para cobrar.

Si ya tienes la carta por la que te reclaman una deuda o te invitan regularizar la situación, lo mejor es contactar con un profesional que te asesore para reducir la cuota o negociar la deuda que reclamen, los retrasos o impagos no pocas veces terminan en el juzgado.

 

 

Derecho de los consumidores en las compras online

 

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Me gusta comprar online.

Y sigo el pedido desde que sale del almacén hasta que llega a mi casa compulsivamente, me conozco al dedillo todos los estados de la materia online.

Y creo que la mayoría de usuarios de internet hacen tres cuarto de lo mismo.  Todo va fantástico hasta  que deja de ser así. En la tienda física no tenemos duda de solventar un problema, es tan fácil  como  ir y devolver el producto o solicitar una hoja de reclamaciones. 

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Qué podemos hacer en el mercado online

Ya hablé en su día de los requisitos de una tienda online,  y de lo que distan de los de un tienda física, si bien los requisitos pueden ser menores, la protección al consumidor debe ser inversamente proporcional.

Para ello las tiendas online tienen unas obligaciones establecidas expresamente en la ley, pero el consumidor o usuario también debe tener unas precauciones mínimas para evitar situaciones desagradables que acaben dejándole sin el pedido y sin dinero.

Si eres vendedor y estás interesado en los requisitos de una tienda online  tu artículo es éste, pero si quieres además de cumplir con la ley transmitir transparencia y confianza sigue leyendo este artículo, te puede servir para comprobar si realmente cumples con  los derechos de los consumidores, e incluso detectar la razón de que tus las ventas no vayan todo lo bien que quisieras. Un buen servicio online es tan importante como en la tienda física.


DERECHOS DEL CONSUMIDOR:

  • Derecho de información: Tienes derecho a saber qué estás comprando y en qué condiciones. Por eso, aparte de la información detallada del producto que compras, debes encontrar en la tienda un apartado que te informe sobre las condiciones o política de ventas antes de confirmar la venta. Y el mismo debe contener quién te está vendiendo, a cuál es el precio y qué lo compone (impuestos o no), quién va a pagar los gastos de envío, cómo puedes pagar (transferencia, contrareembolso, paypal, tarjetas admitidas…, optar por un sistema u otro nunca puede suponer un incremento en el precio final).

Así como el uso que darán a los datos que facilites para efectuar la compra (Política de privacidad). E igualmente se informe dónde puedes ejercitar tus derechos de Acceso, Rectificación, Oposición y Cancelación de los mismos. También debe informar si esos datos se van a utilizar para enviarte información comercial y  deben ofrecer la opción de rechazar esa posibilidad.

  • Derecho de desistimiento: El hecho de comprar sin ver el producto físicamente,  solo confiando en en el buen hacer de un fotógrafo, a veces conlleva riesgos, y puede que el bien en cuestión diste mucho de lo que deseábamos. La  legislación en consumo lo sabe y ha aumentado la protección en estos casos, dándonos un periodo de reflexión a la hora de aceptar o no lo que hemos pedido. Así, cuando realizamos una compra online tenemos 14 días para devolver el producto y nos reintegren nuestro dinero en otros 14 días (incluidos los gastos de envío que hayamos desembolsado, salvo que hayamos elegido un envío especial -urgente- distinto al estándar ofrecido por la página. La demora en la devolución del dinero puede acarrear que nos tengan que devolver el doble del importe. Pero ojo, eso sí se contempla en la información (política de ventas, condiciones de compra…) esa previsión de los 14 días y nos informan debidamente de cómo realizar esa devolución y ejercitar nuestro derecho de desistimiento, si no hay información el plazo se prorroga por 12 meses. Claro está, siempre y cuando no se trate de  productos de higiene personal, de consumo de un solo uso o perecederos.
  • Derecho de recibir el producto en  las condiciones establecidas y en un tiempo prudencial: Se establece que en el comercio online los envíos nunca deben tardar más de 30 días desde que se realiza el encargo. Así que una vez superado ese tiempo tenemos derecho a reclamar nuestro dinero, e incluso antes si la tienda online en cuestión tiene un compromiso de envío mucho menor, y nos compensen por esa demora.
  • Derecho de reparación: Si el bien solicitado es defectuoso, o ha sufrido algún tipo de desperfecto en el envío, tenemos una garantía de dos años, aparte del ya citado derecho de desistimiento que en 14 días podemos ejercitar, e incluso solicitar la sustitución por uno nuevo. Ese periodo de dos años, se suspende desde que dejamos el bien en reparación hasta que nos lo vuelven a dar, por lo que el periodo puede oscilar según las reparaciones que precise. Además, si la reparación tarda tanto tiempo que el bien ya no nos es útil tenemos derecho a desistir de la compra y que nos devuelvan el dinero o bien a que nos realicen una minoración en el precio  en proporción a ese tiempo en el que no hemos podido disponer del bien.

Precauciones que debe tomar el consumidor antes de  comprar online:

  • Asegurarse de que existe esa información que hemos indicado, una empresa que no se identifica o que no tiene desarrolladas sus condiciones de venta de manera clara y concisa no suele ser señal de confianza precisamente.
  • Existen indicadores de confianza que ayudan a saber que esa tienda online cuida su servicio y a sus consumidores, hablamos de sellos de confianza online, sometimiento a arbitraje, organizaciones de consumidores… En todo caso puedes acudir siempre a hacer valer tus derechos a la oficina de consumo más cercana.
  • Buscar que la empresa tiene un formulario de contacto, que exista también un teléfono para resolución de dudas.
  • Que los medios de pago sean seguros, lo que podemos comprobar al entrar en la zona de pagos en nuestra barra del navegador aparezca esto “https://”.

(Otro día abordaremos el phising bancario y cómo evitarlo)

Todo esto está muy bien, pero en internet todo se compra y todo se vende, por lo que a veces puede que no compremos a una empresa, sino a un particular, entonces la normativa de protección de los consumidores no nos será aplicable. Es el caso  que nos encontramos cuando compramos productos en ebay o en otras páginas de segunda mano. Entonces la legislación aplicable es diferente. Os dejo un breve resumen:

Derechos del comprador en bienes de segunda mano

En este caso lo que rige es el Código Civil. Desaparece esa protección especial de la que se dota a los consumidores, ya que se considera que la compra empresa-consumidor se produce en desequilibrio de posturas, y en cambio cuando es entre particulares de produce en un mismo plano de acción.

De hecho lo más recomendable en los acuerdos entre particulares siempre es que el mismo se realice por escrito. Pero a nadie se le escapa que pararse a redactar un contrato para comprar una bici de montaña no es práctico y puede que otro se la lleve antes que nosotros, o incluso que el vendedor se niegue a perder ese tiempo precioso.

Entonces desaparecen esos derechos de información, desistimiento… Sólo nos queda como vía de escape el artículo 1.490 del Código Civil, que da un plazo de 6 meses para reclamar por los vicios ocultos de la cosa adquirida. Pero es muy difícil de hacer valer ese derecho, es una cuestión probatoria que requiere de peritos.

Así que muchas veces no queda más que la buena voluntad de los contratantes o los tribunales, que es caro y complejo.

 

Compren bueno, bonito, barato y seguro.