Safe Harbor no es una película de Ben Affleck

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Si eres asiduo de los blogs de nuevas tecnologías, estarás al tanto de la anulación del Safe Harbor y probablemente hayas leído todo lo legible e ilegible sobre el tema. Tanto si es así, como si no, deberías seguir leyendo, ya que no todo es tan negro ni todos los que trabajamos con protección de datos nos aprovechamos del alarmismo creado.

Para aquellos que ya lleváis más de un mes escuchando hablar del tema, no pretendo aburrir y seguir diciendo todo lo dicho. Si he escrito ahora y no antes, es porque no he querido ser alarmista y esperar un tiempo prudencial para hablar del tema, especialmente para no asustar a mis clientes.

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Pero entre los artículos alarmistas y aquellos que han empezado a recibir las notificaciones de la Agencia Española de Protección de Datos, el pánico está servido. Han sido muchos los lectores que me han escrito interesándose por la eliminación de Safe Harbor, y a todos los he emplazado a un artículo resumen de la situación. Aquí está.

Antecedentes

Safe Harbor o Puerto Seguro, no es otra cosa que como se conoce a la Directiva Europea (95/46/CE) por la que se establecen una serie de requisitos mínimos y garantías en materia de transferencias internacionales de datos. De manera qué, si una empresa de gestión de datos americana (Google o MailGhimp por ejemplo), cumplía esos parámetros, se consideraba una transferencia de datos que no necesitaba una autorización expresa de la Agencia de Protección de datos, ya que se asimilaba a un tratamiento de datos intracomunitario.

Esas aplicaciones o empresas en las que alojamos y gestionamos nuestros datos, son, a efectos de la Ley Orgánica de Protección de Datos, consideradas como ENCARGADOS DEL TRATAMIENTO DE DATOS.

Hasta ahora, bastaba con especificarlo así en nuestro notificación de inicio de tratamiento de datos a la AGPD.

Todos éramos muy felices, hasta que apareció Snowden, y nos contó toda la verdad. Al menos parte. Ya que éste desveló cómo determinadas empresas no cumplían con esos parámetros establecidos, permitiendo el espionaje de los datos alojados en sus servidores, como Facebook.

Fue precisamente a raíz de esto, cuando un consultor tecnológico denunció la situación y consiguió demostrar que datos de Facebook se utilizaban para el espionaje. Su caso llegó hasta el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el cual le ha dado la razón y por sentencia de 6 de octubre de este mismo año ha dejado Safe Harbor en entredicho y prácticamente inaplicable.

¿Y ahora qué?

La desconfianza generada por esos operadores de datos, ha hecho el TJUE no considere justificadas esas transferencias en base al acuerdo del año 2000, en la medida en que los poderes judiciales y políticos tienen acceso a los datos que gestionan dichas empresas.

Aunque la sentencia de 6 de octubre no declara del todo ilegal este acuerdo, sí que abre la veda para que las autoridades nacionales de cada miembro de la Unión Europea establezca si Safe Harbor es suficiente o no. Y la Agencia Española de Protección de Datos ha optado por la segunda.

Para ello ha dado de plazo hasta el 29 de enero de 2016, para restablecer las negociaciones y firmar un Safe Harbor II, y que la sangre no llegue al río. En caso contrario, empezarán a caer sanciones a las empresas. Por ello la Agencia Española de Protección de Datos está enviando comunicaciones a las empresas para que empiecen a regularizar su situación de acuerdo con la nueva situación. Para que si no se llegase al acuerdo y acabamos sancionados, nos puedan contestar con un elegante: “Te lo dije.”

Avanzan las negociaciones

Como decía al principio, he querido ser prudente y no lanzarme a escribir artículos y alarmar a mis clientes, como otras empresas han hecho para intentar sacar tajada de la situación. Y en ello me mantengo.

Siendo consecuente dudo que las grandes multinacionales que gestionan datos dejen perder un trozo del pastel tan jugoso como es Europa, y van a presionar para que el Safe Harbor II sea una realidad. De hecho la prensa cada vez se hace más eco del avance de las negociaciones.

Si fuera así, antes del 29 de enero, en principio, no habría que hacer ningún trámite por parte de las presas que usan esos servicios con sede americana la mayoría.

Aún así, esa es solo mi opinión.

Ni qué decir tiene,  no se trata de una mala noticia. Diría que al contrario. Puesto que si bien es molesta para las empresas que ahora deban adaptarse y empezar a migrar sus datos o solicitar autorización a la AGPD. No es menos cierto de que es positivo que los tribunales dejen de mirar para otro lado en materia de tratamiento de datos, y empiecen a valorar (algo más que monetariamente) los datos personales de los usuarios.

Hasta ahora los grandes operadores de internet han crecido a medida que crecían sus usuarios, que facilitaban sus datos a cambio de una cuenta gratuita. Sin valorar que en esos datos que facilitamos está toda nuestra privacidad. Quizás con este toque de atención, empiecen a considerar que la venta de datos es también la venta de privacidad, si bien los primeros pueden ser cuantificados monetariamente, la segunda tiene un valor incalculable.

¿Me afecta?

Desde el punto del tratamiento de datos, casi todas las empresas utilizamos algún soporte online para almacenar nuestros datos, ya sea un servidor de correo o un gestor de email. 

Especialmente, muchos lectores de esta web que se dedican al mail marketing deberán revisar qué gestores utilizan y dónde tienen sus servidores.

Como usuario o titular de datos, lo cierto es que cuando abres una cuenta en cualquiera de esas empresas, casi siempre gratuitas, estás aceptando que traten tus datos como les venga bien. Esa inseguridad no es nueva, y no va a cambiar en exceso, al contrario, puede que sea un estímulo para que la protección de datos empiece a ser una realidad y no una ficción legal con tantos resquicios.

Si estás suscrito a una lista de newsletter, lo suyo es que el titular de la misma haga los trámites, si no lo hace, siempre quedarán a salvo tus derechos de Acceso, Rectificación, Cancelación u Oposición, dirigiéndote a cualquier dirección que tenga la empresa, o usando el botón al pie de página de los correos de “Dar de baja”.

Soluciones

Pues ahora las soluciones que quedan, para el caso en que no se rubrique en el plazo estimado el nuevo acuerdo son:

  • Regularizar la situación manteniendo al gestor de datos: O lo que es lo mismo, firmando un contrato con el encargado del tratamiento y comunicándolo debidamente a la AGPD. Mailchimp, por ejemplo, ha preparado un formulario a tal efecto, el mismo hace las veces de acuerdo entre las partes y que hay que remitir a la AGPD para su aprobación. Es decir, que enviado el comunicado, tendremos que esperar a que la Agencia lo apruebe y acepte la modificación.

Ni qué decir tiene, que hablamos de un proceso lento y que no acaba de responder a las necesidades de empresas que no se dedican a la gestión de datos. Hablamos de comunes mortales, como tú y como yo, que tenemos una web y/o una empresa que manejamos los datos de nuestros clientes con el único fin de poder prestar nuestros servicios. Con un fichero de clientes y proveedores y otro para la newsletter.

  • Traernos nuestras listas de correo a empresas de gestión de datos que tengan sus servidores en la Unión Europea. MailChimp o Dropbox no lo son todo, existen empresas que prestan servicios similares pero con sede Europea. De hecho no es de extrañar que muchas de estas empresas ya han empezado a plantear colocar servidores en sede europea para no quedarse fuera de juego.

 

En cualquier caso, se abre el turno de palabra, así que os invito a que comentéis vuestra experiencia al respecto y solucionar las dudas que surjan.

Licencias abiertas en la Administración

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Una vez terminado el verano, empezamos el nuevo curso y con él los buenos propósitos, como compartir más artículos que he estado escribiendo en mi web.

En este tiempo sin publicar han ocurrido muchas cosas. Una de las más paradójicas es que desde hace unos meses soy Concejala de Cultura en mi pueblo.

Sin duda un lugar privilegiado desde el que observar las cuestiones relativas a la propiedad intelectual, y cómo desde la Administración se pueden dar pequeños grandes pasos para evolucionar hacia un sistema que no encorsete el conocimiento.

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Sin ánimo de realizar un mítin político, sí creo que es interesante abordar las posibilidades de usar recursos abiertos en las Administraciones, y cómo un concepto restrictivo de la propiedad intelectual, como ha venido siendo tradicionalmente en nuestro sistema jurídico y administrativo, puede suponer un retroceso en  el funcionamiento de las mismas.

Mucho se ha hablado del software libre, que cada vez tiene más encaje en las Administraciones Públicas. Una evolución natural. También se habla con más frecuencia sobre los Open Data, o datos abiertos, especialmente en un momento en que la transparencia es la bandera de todas las políticas. Pero también encontramos que las Administraciones tienen servicios de publicaciones, que pretenden la divulgación y que sin duda encuentran el mejor aliado en las licencias abiertas.

Vamos por partes.

El Software Libre

No es otra cosa que el uso de programas o sistemas que permiten al usuario acceder a su código fuente. Y por tanto le permite modificar, analizar, redistribuir e instalar el software en tantos ordenadores como crea conveniente.

Teniendo en cuenta que las Administraciones, mayores o pequeñas, funcionan con cientos de ordenadores conectados entre sí, utilizar este tipo de software responde a la propia naturaleza de uno y otra.

En España existe el CENATIC (Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las Tic basadas en fuentes abiertas), o lo que es lo mismo, es una institución que fomenta y ayuda a las Administraciones públicas a la implantación de estos sistemas.

Una Administración que utiliza estos recursos, gana en independencia y agilidad, ya que puede amoldar las distintas aplicaciones a sus particularidades técnicas.

Los Datos Abiertos

Se trata de que las Administraciones permitan el acceso a los datos que manejan sin restricciones de ningún tipo. Es un concepto que va más allá de colgar muchos PDF con resoluciones en un portal.

Lo que pretenden los defensores de la apertura de datos, es una gestión administrativa totalmente transparente y que permite analizar los procesos que se realizan desde una institución.

Lo cual, permite una mayor capacidad de resolución de incidencias y una evolución más fluida de todo el sistema.

Los datos o recursos abiertos, está íntimamente ligado con la libertad del conocimiento. Lo cual nos lleva directamente a la posibilidad de incluir licencias abiertas en las publicaciones de las Administraciones. Y es en este punto donde me voy a detener con mayor detalle.

 

Las licencias abiertas en los servicios de publicaciones de las Administraciones

Casi todas las Administraciones disponen de un servicio de publicaciones, el cuál permite la difusión de conocimiento. Es decir, se trata de una especie de editorial pública, y que sobre todo se ocupa de obras que por su carácter técnico, valor histórico o artístico, procuran la divulgación de algún hecho o suceso relevante. No son obras netamente comerciales, y por tanto estos servicios no compiten directamente con la industrial editorial privada.

La contradicción que se da con estas obras de naturaleza divulgativa, es que en la mayoría de las ocasiones se difunden con todos los derechos reservados.

Como decía, se trata de publicaciones muy concretas, y sobre temas, las más de las veces, referentes a datos o sucesos locales. Por lo tanto nacen limitadas a una distribución entre un público objetivo muy reducido, al que si además si le sumamos su anquilosamiento en el formato analógico, nos encontramos con que las Administraciones actualmente cuentan con un problema de distribución importante. Lo cual se empieza a traducir en un problema de espacio.

Por ello, cada vez más, las nuevas políticas se están acercando a las licencias abiertas, para atajar este problema inmediato de distribución, pero a la vez como respuesta del espíritu natural con el que nacen estas publicaciones: la divulgación del conocimiento.

Incluso Creative Commons se ha dado cuenta que sus licencias podrían tener un hueco en el funcionamiento de las Administraciones, y ha llegado a ofrecerse formalmente a aquellas que estén dispuestas a evolucionar dejando atrás los “todos los derechos reservados”, que acaban siendo un contradicción de lo público.

Si a este modelo de copyleft, le sumamos la posibilidad de que las obras se publiquen también en formatos digitales de fácil acceso y distribución, permite que una obra que antes estaba condenada a unas ventas residuales, pueda llegar a más gente, lo cual, también se suele traducir en un aumento de las ventas.

Es por todas estas razones, que la defensa que siempre he venido haciendo aquí del uso de las licencias abiertas, cobra especial sentido en mi nueva labor. Si todas las Administraciones, más o menos pequeñas, hicieran ese pequeño gesto de introducir las licencias abiertas en su gestión, entrarían en el dominio público las obras más importantes de la base de la cultura popular. Por eso, es el momento de que nuevas políticas empiecen a abrir la cultura pública que jamás debió encerrarse con una visión restrictiva de la propiedad intelectual. Justo lo contrario de lo público.

Sería tanto como dotar a esas publicaciones de la inmediatez y agilidad de la que goza la tradición oral como fuente de transmisión del conocimiento.

 

¡Cuidado! ¡Timo a la vista en marcas y patentes!

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Ya he hablado en otras entradas de la importancia de registrar una marca para evitar que alguien te prive de su uso por la vía del registro previo.

Pues bien, esa actividad de registro está dando lugar a nuevas formas de negocio que rozan la estafa, y que son de dudosa moralidad.

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Me explico. Los últimos clientes con los que he trabajado en cuestiones de marca, han recibido una serie de comunicaciones con apariencia de oficiales, pero que no lo son.

Os cuento cuales han sido los casos para poder detectar estas cartas con rapidez y acudir a un profesional antes de efectuar ningún pago:

1) La primera de ellas era de un despacho internacional de abogados especializados en gestión de marcas. Pero camuflaba su carácter publicitario, y es que en el sobre solo se podía leer “Patentes y Marcas”, sin ningún membrete oficial. Para alguien que no esté acostumbrado a recibir comunicaciones oficiales de la Oficina de Patentes y Marcas, no tiene porque detectar el carácter no oficial de dicha comunicación. Con lo cual crea una situación de confusión en el cliente, que recibe una publicidad que desde luego no ha solicitado.

2) La segunda de las comunicaciones, era una carta con apariencia de factura que reclama una cantidad desorbitada. La aparente factura determina el concepto del registro o renovación de marca y asevera de su pago. Evidentemente crea gran alarma en quien la recibe (espero que todos llamen a un abogado antes de acceder al pago). Porque resulta que la factura no es real, y en la letra pequeña dice que es la oferta del servicio, no el pago del servicio ya realizado, y que si se hiciese el pago, el mero hecho del ingreso constituye una aceptación de su contrato y sus condiciones, por lo que para entonces sería tarde cualquier devolución o cancelación del contrato.

¿Quién está detrás de estas cartas?

Se trata de bases de datos de marcas, totalmente ajenas a registros oficiales, y de suscripción voluntaria, por lo que en principio sería legal. Y que por cierto, no tienen validez ninguna en temas de protección de marca, puesto que en caso de conflicto no tendría valor probatorio, puesto que son registros privados y con muy pocas suscripciones.

También llama la atención, y denota que no es algo muy normal, el hecho de que las empresas que nos reclaman ese pago, tienen sedes en países muy alejados, que no tienen competencia directa en las marcas registradas en España (Australia, Rusia…).

¿Y de dónde sacan los datos?

Ahí está su truco. No hacen nada ilegal. Los datos los toman de fuentes accesibles al público, como es el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI), donde se publican todos los registros que se efectúan, y los datos de quienes las registran. Por lo que no  compran listas de datos a terceros, ni los consiguen de ninguna manera fraudulenta.

Podríamos entender que vulnera la Ley Orgánica de Protección de Datos por el hecho de que nos están enviando información comercial sin solicitarla ni consentir el tratamiento de nuestros datos. Pero no, esa protección es solo para los datos de carácter personal, y se entiende que una marca es para una cuestión comercial, por tanto, pierden ese carácter de datos personales. Aunque quien registre sea una persona física.

 

Como vemos, solo envían una oferta de un producto, el problema es el malintencionado diseño de la oferta, que le da apariencia de factura oficial, y que si no deparamos en la letra pequeña nos puede dar un buen disgusto.

Por eso, antes de hacer cualquier pago, es mejor que hables con un especialista, y dejes en sus manos las gestiones necesarias antes de tener que lamentarnos.

AQUÍ tienes el contacto de una bastante buena 😉

¡Feliz verano!

 

Una de abogados y coworking

 

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Logotipo de La Nao Espacio de Trabajo

 

El origen

Hace ya casi año y medio que esta web empezó a andar, y mucho han cambiado las cosas desde entonces. Lo que empezó siendo un proyecto divulgativo ahora mismo es mi principal medio de vida.

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Aquellos primero pasos fueron desde una pequeña habitación en casa de mi madre, un escritorio entre la cama y el armario. Me bastaba, y volvería a hacerlo mil veces. Pero esas circunstancias también aportan sus limitaciones al proyecto profesional y personal, por eso había que dar el paso hacia un nuevo lugar y forma de trabajo.

 

Independencia y trabajo en grupo

Lo normal habría sido buscar un despacho con muebles bonitos desde el  que trabajar sola. Esa opción me producía rechazo de entrada. No quiero impresionar al cliente, quiero que confíe en mis servicios. El concepto de abogado ha evolucionado, por más que algunos se empeñen en anquilosarlo en el concepto tradicional e individualista.

El individualismo la mayoría de las veces se confunde con la independencia profesional.

Por eso sabía que debía tomar un rumbo diferente. Empecé a indagar y di con los espacios de coworking, y cuando salía por trabajo fuera de mi ciudad eran un recurso que me permitía trabajar y tener reuniones en un lugar profesional y discreto.

Vivo en una ciudad pequeña, donde este tipo de espacios eran impensables hace unos años, especialmente porque la mayoría de la población joven estaba fuera. Pero en los últimos años el retorno ha sido constante, y no solo por la situación de crisis, sino  también porque es el lugar desde el que mejor nacen los proyectos profesionales. Ser de pueblo es un lujo que muy pocos tenemos. Y en el aspecto profesional, en un mundo globalizado, permite ahorrar en costes teniendo las mismas prestaciones y objetivos.

Así que con ese retorno, nos encontramos a una generación que ha vuelto a su origen, pero no lo ha hecho con las manos vacías, sino que la mayoría trae su propio proyecto profesional. Y por tanto la situación a la hora de buscar un lugar de trabajo es común y constante.

Por ello, hace unos meses, un amigo y yo nos pusimos manos a la obra para desarrollar un espacio de trabajo. Un Coworking.

A través de un establecimiento poder canalizar esos proyectos y las redes profesionales que se crean a su alrededor. Siendo una fuente de contactos e ideas en ebullición que hace un poco más grande cada proyecto individual.

Un trabajo en equipo que retroalimenta profesiones y profesionales muy dispares.

 

Abogado sin despacho

Aún sigo escuchando voces del tipo “eso no es para un abogado”. Entre que siempre se relaciona coworking con profesiones netamente creativas, y que aún no se ha roto con la fría imagen del abogado solemne, los prejuicios están servidos. Pero por suerte, cada vez somos más los que estamos rompiendo con esos tópicos y los que optamos por nuevas manera de trabajar, tanto en la forma como en el contenido. El nuevo abogado tiene que adaptarse a las nuevas necesidades.


Compartir un despacho o utilizar los servicios de los espacios de coworking es una forma de prestar esos servicios de una manera más integrada con otras profesiones. Sin quedarse aislado.

La labor comercial no sólo está en anunciarse en revistas de prestigio, también estar en el sitio adecuado en el momento adecuado es imprescindible. Y de eso los que están en un coworking saben un rato.

Aparte de esos beneficios inmateriales pero rentables, no  podemos desdeñar los servicios que aportan a un profesional por un módico precio:

  • Mobiliario de oficina para cada puesto de trabajo individual o compartido
  • Salas de reuniones
  • Suministros (internet, luz, línea telefónica, gestión de correo…)
  • Servicios de administración y atención al público
  • Trabajo en equipo que evita la soledad profesional

 

Todo eso y mucho más es el coworking.

Las vistas de mi nuevo puesto de trabajo
Las vistas de mi nuevo puesto de trabajo

 

Ahora podréis encontrarme trabajando en   La Nao Espacio de Trabajo en Pozoblanco (Avda. Alcaracejos esquina con Rafael Alberti frente al Parque de Educación Vial).

¡Venid a vernos!

 

La importancia de cuidar una marca

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Cuando se decide poner en marcha un negocio, lo primero en que pensamos es lo servicios a ofrecer, clientes, lugar de trabajo…

Pero, ¿y el nombre?

Las más de las veces queda para última hora y se toma como algo accesorio. Otras veces en cambio responde a un trabajo de semanas o meses, de estudios de mercado y de análisis de tus potenciales clientes para elegir la mejor denominación para tus servicios.

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Sea como sea, de una buena o mala elección puede depender el éxito o el fracaso de un negocio. Al fin y al cabo es la puerta de entrada para tu cliente. Por eso protegerla y cuidarla debe ser una prioridad para cualquier negocio.

Es verdad que, no pocas veces, en este blog me he mostrado partidaria de una concepción de la propiedad intelectual bastante abierta y muy a favor de las licencias abiertas. Pero en el tema de marcas, sí considero indispensable una buena protección y una concepción más restrictiva para poder concurrir al mercado con total tranquilidad. Al fin y al cabo la marca es un elemento diferenciador de una empresa.

Además, esa protección, bien gestionada, puede hacer que la marca sea un activo que ofrezca rendimientos tan importantes como el intercambio de mercaderías. Me explico desde dos vertientes:

  • Por un lado, evitar el aprovechamiento de terceros de la marca y no perder cuota de mercado, bien con denominaciones similares o utilizando los mismos signos con los que concurre una empresa  en el mercado. Una marca registrada  es una garantía que se puede ejercer contra aquellos que pretendan aprovecharse de una marca ya consolidada. Así, si alguien aparece en el mercado ofreciendo similares servicios con un nombre más que parecido, puedes evitarlo.
  • Por otro, bien enfocado, puede ser una fuente de ingresos. Cuando una marca crece todos quieren participar de ella. Poder llegar a acuerdos de cesiones de uso con terceros o, incluso poder franquiciar la marca, puede multiplicar exponencialmente el ritmo de crecimiento de un negocio, sin más inversión que la de potenciar sus activos intangibles.

En ese cambio de perspectiva, en el que la marca empieza a ser tan importante como un buen servicio, ha tenido mucho que ver Internet. Y es que, la facilidad de montar un negocio en Internet y la facilidad de reproducción de contenidos, hace que proteger una marca sea imprescindible para evitar que el esfuerzo sea tirado por tierra a la primera de cambio. Además Internet es esencialmente visual, que un cliente acceda a tus servicios o no puede estar en algo tan simple como un nombre gancho o una imagen llamativa.

 

Cómo se protege una marca

No basta con el registro, sino que la protección de la marca implica también su seguimiento y defensa. Es decir, si se registra, para que dicha inscripción  sea efectiva precisa de una monitorización de la misma, y atajar los casos en que la misma sea utilizada de manera no consentida o indeseada. La defensa no sólo está en la réplica de nuestra marca, sino también en la reputación que tenga. En internet tener una buena reputación es tan rentable o más como una inversión en una buena campaña de marketing.


El registro es un trámite administrativo, sencillo y barato, que puede cambiar para siempre el signo de tu empresa.

Pero antes de proceder a registrar debemos contestar una serie de preguntas que nos ayudaran tanto para hacer más práctico ese registro como para conocer nuestra empresa:

  • ¿Por qué registrar?: Saber el porqué nuestra marca es una herramienta y un elemento indispensable de nuestra empresa, hará que su defensa y protección no sea en vano. Una empresa que defiende su marca es una empresa orgullosa de la misma. Conocer los valores que transmite y a quién quiere llegar con la marca es imprescindible.
  • ¿Dónde?: Conocer cual es nuestro mercado, será determinante a la hora de hacer un registro y una protección provechosa de nuestra marca, y evitaremos el derroche de recursos.  Tanto en los servicios como en la determinación territorial para la que queremos utilizar nuestra marca.
  • ¿Qué queremos proteger? No todo es registrable.  No podemos utilizar términos genéricos o meramente descriptivos. Tampoco son registrables las ideas, por lo que un sistema de negocio no es registrable, pero sí sus signos distintivos, desde su nombre comercial, a su logotipo, dominios de internet… Dentro de esos elementos, hay que analizar aquello que diferencia a una empresa y le hace única con respecto a sus competidores, presentes y futuros.

Podemos determinar en tres pasos principales ese registro:

  • Comprobar en el localizador que la Oficina de Marcas y patentes tiene en su web para comprobar si la marca que queremos utilizar ya existe.
  • Determinar la clase Niza para la que queremos hacer el registro. Esto no es otra cosa que una clasificación que sirve para limitar el uso de una marca a unos productos o servicios concretos. Un negocio de perfumería no tiene sentido limitar el uso de un nombre similar en una carnicería, no es su competencia.
  • Rellenar el formulario de solicitud de registro. Se puede hacer online, por un módico precio (123€  aprox.).

Como decía más arriba, todos estos trámites no convierten por sí a una marca en una fortaleza infranqueable. Para hacer esa labor puedes encontrar multitud de herramientas que te faciliten la vida en esta materia, aquí te dejo un artículo de Puro Marketing donde puedes encontrar algunas de ellas.

Pero si quieres ayuda profesional o has detectado alguna infracción te recomiendo contactar con Gestión de Intangibles, además tengo la suerte de colaborar habitualmente con ellos en estos temas como abogada, y es un auténtico placer.

P.D. Ante el interés y afecto mostrado por algunas y algunos lectores pidiéndome que escriba con más regularidad, prometo ponerme a ello (que lo consiga o no es otra cosa)  :)